lunes, 23 de junio de 2008

“Fabricando” asesinos de padres, esposos e hijos – Tercera nota

En la nota anterior decíamos que a la mayoría de los argentinos no les preocupa el maltrato que sufren los menores en los institutos para ellos y el que sufren los detenidos y presos en las comisarías y cárceles argentinas.

Todo lo contrario.

Nos parece bien ese maltrato para que así los chicos aprendan a no molestarnos mendigando en los semáforos y para que los delincuentes adultos aprendan que “el delito no rinde”, como preconizan algunos teóricos de la seguridad un tanto despistados.

No comprendemos que el maltrato, en lugar de disuadirlos de cometer delitos, los empuja a cometer más delitos y a ser más salvajes.
No comprendemos que el delincuente que consigue “un fierro” para un asalto sabe que “está jugado” y que, “si pierde” le aguardan muchos maltratos a manos de las fuerzas policiales y de seguridad.
No comprendemos que saber que sufrirá mucho, en lugar de disuadirlo de cometer delitos, lo empujará a ser más salvaje, a no dejar testigos, a implicarse en tiroteos donde posiblemente morirán no sólo el delincuente y los policías que pretenden aprehenderlo sino las propias víctimas del asalto y, también, circunstanciales transeúntes que perderán la vida o quedarán lesionados para siempre en la refriega.

Por supuesto, si ello me sucede a mí y me matan un ser querido, muy probablemente “me volveré loco” (como tantos padres y madres que piden a gritos justicia por un hijo muerto frente a las cámaras de TV) y pediré que maten a todos los delincuentes, que las penas sean más duras y que no les den libertad condicional.

Si es así, será por que no me di cuenta de que la muerte de mi familiar querido no comenzó en el momento en que el delincuente iniciaba su atraco sino muchos años antes, cuando un niño de familia muy pobre salió a la calle a buscar unas monedas con la que ayudar a su mamá o a sus hermanitos y fue internado en un instituto de menores y que su progresiva violencia, a medida que crecía, es responsabilidad mía y de todos aquellos que nos “hicimos los osos” con lo que les sucedía a los “menores en riesgo” y a los delincuentes que tienen la desgracia de caer en las manos de las fuerzas de seguridad argentinas.

Estamos “fabricando asesinos” o tolerando que los gobiernos “fabriquen asesinos”.
Y estos asesinos que “fabricamos nosotros” están matando a nuestros padres, a nuestros esposos, a nuestras esposas o a nuestros hijos.

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